Las heridas serán terreno fértil para dejar crecer los sueños... y darnos la oportunidad de volvernos a levantar.
Y un día, cuando hayamos sembrado y cosechado todo un jardín de buenos recuerdos y buenas obras; ese día, seremos llamados a Casa y habremos quedado como semillas a germinar, en la vida de los demás. No somos ángeles, somos mensajeros.
Mensajeros que serán, a su momento, testigos de la capacidad de resiliencia con la que se puede aceptar el regalo de la vida. Mensajeros de esperanza que, cuando estén listos/as, serán capaces de decirte: sí, existe el cielo. Aunque lo he dejado en esta tierra.
Este es mi regalo para ustedes hoy. Mi semilla. No, aún no me iré, creo que me hace falta mucho por hacer. Caminaré hacia el sol siempre con la frente en alto, haciendo lo mejor que pueda lo que me toca y lo que soy capaz de aceptar; mientras espero el mañana. A quienes quiero y me quieren y a los que no me quieren por igual: procuraré estar siempre ahí para ustedes. Existe mucho dolor y tristeza en este mundo como para seguir tirando más leña al fuego.
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