martes, 22 de noviembre de 2016

Te veo, Abuelo (fragmento)

Te veo.

Toda una vida se reproduce en tus ojos. Carros sencillos, de motor carburado y faroles enormes. Aeroplanos de madera a penas venciendo las leyes de la física, y la elegancia y opulencia, en su época de oro.

Te veo.

La gente en sus 18's, e incluso en sus 20's, ya parece de 30 o 40 años, dada la formalidad en sus modales y el trato cortés a la apariencia. Calles de tierra, algunos viajes en carreta en las afueras de la ciudad. El periférico inaugurando su nombre, los jumbos de Pan Am en el aire y siempre, la Revolución del 44 tan palpable, en cada historia que nos relatas. Aquel bar al que corriste con tus compañeros, ¿te acuerdas? ¡toda una aventura! La has podido contar tan bien, cada vez que lo haces, que por poco soy capaz de pintar en blanco y negro las calles por donde voy... y retrocederme en el tiempo unos 65 años.

Te veo Abuelo, desde que tengo memoria.

Un día cambiando estaciones de radio, paseando en el carro por el obelisco, topé con marimba. La dejé. Mi niño me dijo -"¡hey! ¡deja esa!... no la escuchaba desde hace tiempo"- resulta que durante toda mi época de colegio, cada tarde al regresar a casa y habiendo por supuesto almorzado; ponías marimba. Una infinidad de sonidos tan nuestros, y ahora, tan míos, cada vez que me llaman de vuelta...

Te veo Abuelo, con amor, con paciencia y ternura...

Casi no consigo terminar de escribir estas palabras, porque estoy más variado en emociones, que un fiambre del primero de noviembre, en embutidos.Quiero regalarte este pequeño fragmento de mí, nada más. Tómalo. Ya aprendí que es perder el tiempo... y que no estamos aquí para eso; ¡para nada! irónico que nos preocupemos por aprovecharlo al máximo y que nosotros para él, no seamos nunca más que "polvo en los ojos de Dios".