Desperté en incertidumbre una mañana, en ese nuestro "cuarto". Prácticamente una celda de concreto vacío con unos barrotes al fondo que iban del techo hasta el piso, a excepción de un par de lugares en las esquinas posteriores, donde mi hermano y yo colocábamos unas sábanas y nos anidabamos contra el frío de la noche. El lugar era una "arena" de entrenamiento militar, un edificio gris de unos 5 pisos al lado de un campo de tierra plano y la parte final de un complejo de viviendas de militares, que prometia mantener a personas huérfanas lejos del frío, de la pobreza y todo el caos que ésta pudiera traer. Sinceramente nunca me creí eso.
El lugar, a cargo de un hombre de unos 60 años de barba blanca, es hostil. El ambiente es lúgubre, frío, seco y sin más palabras que el favorable arte de combate que pudiéramos exhibir ahí afuera, uno contra uno. No tengo ni la más mínima idea del porque nos preparan. Supuse hace poco más de un año que nos planean usar como peones en la guerra, en ese lugar extraño de ahí fuera que muchos llaman... libertad. Siempre la observé desde un pasillo del edificio por las noches. Me ha llenado de tantas intrigas cada vez que la veo, que no aguanto por salir y darme cuenta de qué nos protegen.. o de qué me pierdo.
Como siempre, me tuve que ir a dormir sin más. Al día siguiente la rutina empezó de nuevo sin más, sólo que ésta vez, nos dimos cuenta que tendría una desagradable variante. Un vigilante es aquella persona que está a cargo de cada piso y el nuestro pasó esa mañana sonando cada barrote de la puerta con una tasa de lata.
-A despertarse señoritas, ¡hoy les toca un nuevo horario!- No sabía qué quizo decir exactamente con eso, pero no presentía nada bueno. -Kale- me tiró una camisa mi hermano y lo voltee a ver -Con cuidado.- Había algo que entonces ya a ambos, no nos olía bien.
Al salir de la selda comencé a caminar hacia la izquierda para bajar las gradas. Al centro se encontraba una gran abertura desde donde se podían observar todos los demás niveles y pude notar otra cosa que me llamaba la atención: ahora los demás huérfanos en entrenamiento, estaban subiendo, acompañados de sábanas y un costal que se les entregaba a cada uno.
-¿Qué es esto?- le pregunté a nuestro vigilante, mientras obstruyó mi paso con su brazo -Ahora vamos a subir a la terraza- dijo entregándome mis sábanas y el costal -Tranquilos, es otro paso en el proceso de selección nada más.-
Voltee hacia mi hermano, dirigiéndome hacia las gradas de subida por el lado derecho de la abertura y chocamos miradas seriamente. Al llegar arriba, nos dimos cuenta que el hombre de 60 años, Joseph, estaba ahí. Estaba parado frente a nosotros, con 3 militares armados a cada lado, mientras terminabamos de llegar y formarnos. -Caleb- empecé a susurrarle a mi hermano -pshhht. Caleb..!- me volteó a ver, dándome a entender que sabía a qué me refería. -No podríamos hacer mucho si ese fuera el caso Kale. Hay militares frente a nosotros y uno a cada lado del grupo-
-Exacto- le sonreí -pero tienen como parte de su equipo, sogas y ganchos para escalar-
-¡Hoy! mis queridos huérfanos- empezó a hablar al mismo tiempo Joseph. -Estoy a punto de liberar a varios de ustedes de todos sus dolores.- El sol pegaba justo sobre nuestras cabezas, era medio día mientras que aquellas palabras cavaban una posible tumba de nosotros -Sus pérdidas, sus fatigas, su cansancio y toda su incertidumbre han llegado a su fin. Hoy... pasaremos a otra etapa de entrenamiento, donde no se aceptan los débiles ni los oprimidos, ni mucho menos los buenos de corazón. Para esto, necesito voluntarios que pasen al frente-
Mi hermano y yo desconfiábamos; no movíamos ni un sólo dedo hasta se presentara la oportunidad indicada. Para empezar, unos tres pasaron al frente con sus sabanas y sus sacos y entonces... lo peor.
-Muy bien.. - dijo Joseph mientras se hacía unos pasos hacia atrás, dejándole el escenario completo a los hombres armados. Éstos a su vez, empezaron a dispararle a cada uno de los que habían pasado al frente con toda la tolba, acribillándolos y causándo un caos entre todos nosotros atrás. Ese fué el momento de escapar.
Caleb empujó y le levantó el arma al militar que se encontraba más cerca de él, provocando que se le cayera al suelo, quitándole entonces la soga y gancho que traía de un jalón, justo antes de que este perdiera el equilibrio y cayera por el lado del edificio. Por mi parte, lo único que había logrado fué esquivar los disparos del que me tocaba y quitarle su gancho y soga, mientras la multitud del techo lo empujaba violentamente. Entones ví hacia mi hermano y tomé el arma que había quedado tirada, la coloqué en mi espalda y le grité
-¡Salta!- enganchandome al techo y liberando la soga al mismo tiempo que él. Llegamos hasta el segundo nivel del edificio y nos soltamos dando una vuelta para amortiguar el golpe. -¡Vamos! ¡no hay tiempo!- le grité dirigiéndonos hacia las gradas a la izquierda para alcanzar el lobby. Unos disparos de Galil nos venían pisando los talones hasta que reventé el candado de entrada con una ráfaga de mi arma y salimos. Afuera huíriamos hacia el complejo de casas militares de dos niveles que nos rodeaba, con la esperanza de ocultarnos y no ser un blanco fácil. Después de todo... habrían más de ellos esperándonos en cada casa.
---------> Continúa a parte 2
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